A cuatro años de macrismo y cuatro años de NiUnaMenos: Vamos por todo

El movimiento feminista en estos cuatro años cambió el país, la región y el mundo. A Macri, el primer paro se lo hicimos las mujeres. Construimos una transformación radical en las camas, las calles y las plazas, en las sensibilidades políticas y en los diagnósticos de coyuntura.

En la forma de evaluar las prioridades y de nombrar las violencias. Instalamos temas fundamentales como el derecho al aborto legal, seguro y gratuito y la deuda doméstica. Redefinimos a qué se le llama trabajo y por qué los cuidados como trabajo gratuito y obligatorio son una clave de la explotación. Denunciamos desde las luchas concretas el avance neo-extractivista contra cuerpos y territorios. Denunciamos una y otra vez el machismo y el clasismo del poder judicial.

Dimos batallas y discusiones en las escuelas, en los sindicatos, en las asambleas, en las comunidades y, sobre todo, construimos un movimiento feminista plurinacional y transnacional, mientras denunciamos sin pausa la criminalización de la protesta social y el empobrecimiento generalizado.

Nuestro país y nuestro continente son la cuna de la marea global feminista, alternativa radical a un orden mundial capitalista y colonial que atenta contra la continuidad de la vida en el planeta.

En reacción a esta revolución de las desobediencias, Latinoamérica se convirtió en uno de los laboratorios del neoliberalismo fascista. Mujeres y cuerpos feminizados nos hemos puesto al frente de una lucha que estalla en Ecuador, en Haití, en Chile y en Colombia, que resiste los golpes en Brasil, en Bolivia y en Venezuela. Sabemos que la avanzada conservadora es apoyada por fundamentalismos religiosos que en alianza con el gobierno financiero buscan hacernos retroceder en derechos ganados, disciplinarnos para la austeridad e imponer la familia heterosexual y la maternidad como único destino.

Desde los feminismos construimos anti-neoliberalismo concreto, visibilizando cómo se precariza nuestras vidas y cómo se fabrica angustia. Desde los feminismos hemos instalado que no hay democracia si está basada en pactos de caballeros que nos excluyen de la vida pública y política o que nos subordinan en cuotas. Hemos experimentado formas de democratización que no vamos a ceder porque fuimos protagonistas en la revitalización de la discusión política en sindicatos, en partidos, en asambleas y ocupando masivamente las calles una y otra vez.

No podemos dejar de mencionar el peligro que implica que el Estado no esté separado de las iglesias. Los juramentos debieran ser sobre los textos creados por nuestras comunidades, no sobre un texto que es usado para disciplinar nuestros cuerpos, nuestros vínculos, nuestros deseos, nuestras decisiones.

Tampoco podemos dejar de emocionarnos ante tantos pañuelos verdes, que son ellos mismos una muestra de determinación y esperanza.

El presidente dijo NiUnaMenos. En otro momento un presidente pidió perdón en nombre del Estado por la impunidad. Aquello abrió la posibilidad de los juicios contra los genocidas. Esperamos que esta mención a nuestro movimiento abra una justicia que nos proteja a nosotres y enjuicie la cultura de la violación y de la cosificación de nuestras identidades.

Nuestra lucha continúa y exigimos que el nuevo gobierno cumpla sus promesas. Sepan que la calle es nuestra casa, y de nuestra casa no nos vamos. Nos quedamos hasta que la dignidad sea costumbre. Hasta que la vida sea como la soñamos.

¡Ni Una Menos! ¡Vivas, libres y desendeudadas nos queremos!