Carta del Obispo de Avellaneda despidiendo a las Pequeñas Hermanas Misioneras de la Caridad del Cottolengo de Avellaneda

Hoy, en el Día de la Vida Consagrada, me gustaría que todos juntos rezáramos por los consagrados y consagradas que hacen tanto trabajo y tantas veces en secreto. Recemos juntos.¡Y un aplauso para los hombres y mujeres consagrados.
Con estas palabras del Papa Francisco en el Angelus del domingo 2 de enero, quiero saludar a esta querida comunidad que, después de una presencia casi centenaria deja nuestra diócesis.
Y les quiero decir, en primer lugar y como deber de justicia, que el aporte que han hecho durante todos estos años a esta Iglesia particular de Avellaneda Lanús es enorme.
Parafraseando una vez mas al Papa, como Obispo de esta diócesis, quiero agradecer a tantas religiosas que dan la vida por amor: ayudan a tanta gente a curarse o a morir en paz en precarios hospitales, o acompañan personas esclavizadas por diversas adicciones en los lugares más pobres de la tierra, o se desgastan en la educación de niños y jóvenes, o cuidan ancianos abandonados por todos, o tratan de comunicar valores en ambientes hostiles, o se entregan de muchas otras maneras que muestran ese inmenso amor a la humanidad que nos ha inspirado el Dios hecho hombre.
Agradezco el hermoso ejemplo que dan tantas religiosas que ofrecieron su vida y su tiempo con alegría. Ese testimonio nos hace mucho bien.
Por lo demás nos sirve de consuelo el saber que la obra del Pequeño Cottolengo continuará en la Diocesis a cargo de los Padres Orionitas conservando, estoy convencido de esto, el mismo espíritu que animó vuestro servicio hasta el presente.
Decia San Luis Orione, vuestro santo Fundador: En el Pequeño Cottolengo se vive alegremente; se reza, se trabaja en la medida que lo permiten las fuerzas; se ama a Dios, se ama y se sirve a los pobres. En los abandonados se ve y se sirve a Cristo en santa alegría. ¿Quién puede ser más feliz que nosotros?”
En el lugar en el que las providencia las destine en el futuro, que cada abandonado encuentre en ustedes una Hermana en Jesucristo y una Madre; y mientras sanan los dolores del cuerpo, den a las almas la luz y el consuelo de Dios. Vayan a sembrar la Caridad de Jesucristo con las palabras y las obras.
Como expresión de mi gratitud y afecto les envío de corazón mi bendición de Padre y Pastor
+ Rubén Oscar Frassia  

Obispo de Avellaneda-Lanús