Domingo de Ramos. Homilía de Monseñor Rubén Frassia

Domingo de Ramos. Homilía de Monseñor Rubén Frassia

Queridos hermanos:
El momento que estamos viviendo es muy importante porque, por la fe, somos introducidos al misterio más grande, al misterio de Dios, el misterio de la Pascua; y quiero que tomemos conciencia de la contemporaneidad de Dios,   lo histórico y lo actual. Lo histórico sucedió una vez, para siempre. Y lo actual sucede ahora.

Ambas realidades están vigentes porque toda acción de Jesús es eterna y tiene un valor permanente, para siempre. Por eso la Iglesia repite el misterio, hace el misterio, nos entrega el misterio. Este misterio inédito, único, original: Jesús asumió la carne y el verdadero Dios y verdadero hombre va tomar una decisión para obedecer al Padre y vivir en ese sacrificio, hacerse sacrificio.

Tenemos que tomar conciencia de esto, nadie le quita la vida a Jesús, Él se ofrece por nosotros, se da para nosotros y es tan importante saber que no estamos solos en el mundo, en la vida, en lo que nos sucede, en las alegrías, en las desgracias, en las tristezas ¡ninguno de nosotros es solo!, ¡nadie es huérfano!, porque Jesús da la vida por nosotros, porque su amor es inagotable.

Se ha parado el mundo ante esta enfermedad. Las noticias que nos llegan, en un constante bombardeo, nos provocan tristeza, angustia y algún pánico. Pero se está mostrando que el hombre no es omnipotente; el hombre es limitado y ante esta enfermedad nos podemos enfermar todos, Reyes, Papas, obispos y todos.

Esto nos muestra que nuestra vida tiene que tomar conciencia de la humildad, de la humildad que necesitamos reconocer, necesitamos ayudarnos, volver a descubrirnos, a nosotros, a los demás; darnos cuenta que la naturaleza nos habla en ciertos lugares, y en ciertas ciudades, donde los animales -al no verse atacados- bajaron a las ciudades. También nosotros, en ciertos lugares, hemos empezado a redescubrir a nuestros vecinos, a nuestros hermanos, a nuestros parientes, a los más alejados.

En este domingo de ramos pidamos al Señor que, en este tiempo de gracia, nos ayude a humanizarnos, a ser mejores hijos de Dios y mejores hermanos entre nosotros; y si alguien piensa que es imposible, no sea derrotista ni desconfiado, porque todo es posible en la presencia de Dios. Se los deseo y me lo deseo.

Que en esta Semana Santa que iniciamos el Señor nos permita acompañarlo un poco más en su hermoso misterio.

Que así sea.

HOMILIA MISA

HERMANOS, ante el relato de la pasión está todo dicho y uno no puede agregar demasiadas cosas, porque lejos de enriquecerlo más bien puede entorpecer. Pero quiero hablar del misterio de Dios, cómo le pide a Su Hijo el sacrificio y cómo a ese hijo le cuesta, porque en lo humano le cuesta. En el relato de San Mateo, dos veces dice «si es posible Padre aparta de mi este cáliz, pero que se haga tu voluntad», sabiendo lo que tenía que atravesar, sabiendo lo que tenía que padecer.

En este drama, donde Cristo se ofrece en sacrificio y muere en la cruz por nosotros, hay una sola cuestión ¿por qué lo hizo? ¡Démonos cuenta! ¡Lo hizo porque nos ama! ¿Qué otra razón? ¡No se suicidó!, ¡no se escapó de su compromiso!, ¡no nos condenó!, ¡nos perdonó los pecados!, ¡dijo «Padre, no tengas en cuenta el pecado de estos hombres»! ¿Todavía no entendemos el significado? Lo hizo y lo hace por amor.

Y como  decía al comienzo, hay un hecho histórico pero también hay un hecho actual, ¡está sucediendo en estos momentos, en este 2020! Frente a una pandemia, frente a una dificultad muy grande, el paso de Cristo Redentor, Salvador del mundo, ¡no nos van a salvar otros! Nos salva fundamentalmente Dios, aunque muchas veces en nuestra sociedad, en nuestras familias, a Dios lo hemos dejado de lado, lo hemos quitado, le hemos dicho «te respondo después», «ahora no tengo tiempo», «más adelante», y así pasó muchas veces en nuestra vida. ¡Nos creímos omnipotentes!

HERMANOS, es el momento preciso para que entremos en este misterio y en esta Pascua. Las Pascuas no se repiten, cada una de ellas son únicas, originales, fecundas. En estos días que tenemos tiempo pongámonos en los personajes bíblicos. En un Caifás, en  un Judas, en un Pedro. Los casos no los voy a detallar, pero la diversidad, la división y la dicotomía que hay entre lo que digo, lo que pienso y lo que hago ¡es tremenda! Tremenda división interior en cada persona.

El Señor viene a unirnos, a integrarnos, a sanarnos, a hacernos sus hijos y a tratarnos entre nosotros como hermanos. Y pensemos que nuestra existencia se tiene que jugar en cosas profundas, en cosas serias. Y es muy serio que alguien, amándonos tanto, dio su vida en la cruz por todos nosotros. Seamos agradecidos.

Que así sea.