Graciela Fernández Meijide le responde a Juan Manuel Casella

La reconocida política  Graciela Fernández Meijide publicó un artículo en del diario Clarín, en respuesta al artículo escrito por el dirigente radical Juan Manuel Casella “PRO-UCR una experiencia agotada“. Más abajo puede leerse la respuesta de éste, también publicada en el mismo diario.

Cambiemos: que no vaya cada uno por su lado

Por Graciela Fernández Meijide

Juan Manuel Casella propuso la extinción de la experiencia PRO-UCR. En la práctica, el fin de Cambiemos. No pertenezco a ninguna fuerza política partidaria de Cambiemos aunque lo haya votado y seguramente volveré a hacerlo, y por sobre todo tengo inoculado el entusiasmo por la política como constructora de democracia republicana. Semejante infección me lleva a seguir votando a mis 88 años.

¿Qué me está diciendo Juan Manuel? Graciela, no vale la pena que votes a esa fuerza porque, seguramente se va a disolver, gane quien gane en octubre. O peor: Graciela no vale la pena que votes porque “…[esta] coalición electoral… tampoco es competitiva”. Vamos Graciela, no le regales nada a esta pareja en su aniversario porque en días se divorcia.

No pienso aquí discutir, ni me corresponde, si en Gualeguaychú la decisión de la UCR fue buena o mala. Fue, y millones de ciudadanos votaron la alianza que, con otras fuerzas políticas, devino en Cambiemos. Tampoco me meto a opinar sobre qué papel desempeñó cada diputado, cada funcionario de cada una de esas fuerzas durante los casi cuatro años de gobierno.

Lo cierto es que si la motivación para construir la alianza fuera sólo la que aduce Casella: [el acuerdo era] ”necesario para impedir el “vamos por todo del populismo autoritario y corrupto y al mismo tiempo, para reinstalar la alternancia como rasgo característico de la democracia republicana” y no para gobernar, ¿quién asegura que no siga siendo, eventualmente, un objetivo digno de alcanzar?

No hay más que ir al resultado de las elecciones presidenciales de 2011: Frente para la Victoria (Cristina Fernández de Kirchner) 54,11 %; Frente Amplio Progresista (Hermes Binner) 16,81 %; Unión para el Desarrollo Social (Ricardo Alfonsín) 11,14 % para recordar el difícil desempeño de una oposición tan débil, tan en minoría en la representación parlamentaria. Con un sistema de presidencialismo fuerte como el nuestro, aunque no exista vocación autoritaria del principal protagonista, la flaca capacidad de control habilita a convertir al Congreso en una escribanía. Ya lo vivimos. Por otra parte, ese panorama provoca que en el imaginario de futuro político de la ciudadanía se evapore la posibilidad de concebir la existencia de una fuerza que garantice la alternancia en el gobierno a futuro.

En octubre puede que Cambiemos revierta el resultado de las PASO. Hazaña posible pero difícil.

Y si no lo logra ¿qué cabe que esperemos de las fuerzas de Cambiemos? ¿que dirigentes y militantes vayan por ahí a lamerse las heridas buscando sólo la salvación personal o, que dejando de lado los reproches- ardua tarea por cierto- reorganicen el espacio de oposición y control que legítimamente se esperará de ellos?

Separados, sin cohesión ni comunidad de intereses por la cosa pública pre- establecida, verán cómo se borronea en el paisaje “el alto grado de legitimidad que .., alcance plena eficiencia operativa y establezca métodos claros que permitan verificar la honestidad de la dirigencia”, tal como se proponía la UCR según Juan Manuel Casella.

Apelo, con todo mi respeto, al sentido de responsabilidad que – con su lógica gradualidad- tenemos todos ante el desafío de llegar a construir esa deseada democracia republicana que, conteniéndonos, haga costumbre encarar, con discusiones y consensos, la construcción de instituciones sólidas, el embate continuado contra la pobreza, la persistencia en la recuperación de una mejor educación expandida a todos los ámbitos, el cúmulo, en fin, de faenas que esperan a ésta y siguientes generaciones.

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Respuesta de Juan Manuel Casella

En “Clarín” del 7 de septiembre apareció un artículo de Graciela Fernández Meijíde que alude a otro de mi autoría aparecido allí el 3 de septiembre.

Con toda sinceridad, agradezco a Graciela, porque una de mis intenciones fue la de reabrir el debate, ya muy necesario en la chata política argentina de hoy. Con el solo propósito de aclarar algunos puntos, quisiera señalar:

Primero. En mi artículo, no “propuse” la extinción de la experiencia UCR-PRO. Simplemente, registré cuatro razones por las que pienso que está agotada. Graciela no alude a esas razones ni las contradice.

Segundo. Tampoco dije que el 27 de octubre “no vale la pena” votar a CAMBIEMOS. Por el contario: allí sostengo que “el esfuerzo preelectoral debe continuar más que nada para disminuir la diferencia…” evitando que los ganadores alcancen el control del Congreso, motivo que Graciela también incorporó a su texto.

Tercero. De ninguna manera digo que la Coalición no se haya constituido para gobernar, como Graciela interpreta. Por el contrario, en el primero de mis argumentos, con claro sentido crítico, afirmo que la coalición electoral “nunca se convirtió en coalición de gobierno…” y en concreto, solo gobernó el PRO, hecho ya reconocido por los actores políticos. Más adelante, señalo que “…el desempeño del gobierno concluye hoy con la muy posible reinstalación del populismo autoritario y corrupto…”. Es decir: tomo muy en cuenta la tarea de gobernar que asumió Cambiemos en el 2015, apunto que la UCR no participó orgánicamente de las decisiones de fondo y pondero las consecuencias de esa acción de gobierno.

Frente a las preguntas que Graciela incluyó en su trabajo, respondo que lejos de “lamerse las heridas”, los dirigentes debemos entender las causas de la derrota incorporando otros números, además de los electorales -inflación, tasas de interés, tipo de cambio, nivel salarial, recisión, desocupación– que también determinan la vigencia real de la democracia republicana, modelo de convivencia que debe incluir el nivel de vida material, no solo el jurídico institucional.

A partir de allí, habrá que reorganizar el “espacio de oposición y control”, que solo se fortalecerá en base a la coherencia con que los actores políticos definan su identidad y elaboren sus propuestas. La oposición no es – ni debe ser- una sola. La democracia republicana favorece la existencia de distintos opciones que propondrán los objetivos a lograr y los caminos para alcanzarlos. Esas distintas propuestas de ninguna manera impedirán que cuando sea necesario se organice la acción conjunta en defensa de los valores republicanos, ejercida sin que nadie renuncie a su identidad.

Una tarea central consiste en revalorizar las ideas para impedir las confusiones destinadas a manipular a la opinión pública. A eso me refiero cuando sostengo que “hay que desenmascarar al falso progresismo…”. Más que el resultado electoral, la peor derrota consistiría en permitir que el populismo autoritario y corrupto ocupe el espacio progresista a partir de la mentira propia y del abandono ajeno. De esa manera, cuando ese especio esté ocupado por quienes, efectivamente lo representan por ideas y trayectoria, estaremos en condiciones de superar la etapa de defensa institucional y pasar a la de definitiva consolidación democrática a partir de equivalencia jerárquica entre la libertad y la igualdad.

9 de septiembre de 2019

JUAN MANUEL CASELLA