Técnicos del INTA Avellaneda y de la Agencia de Extensión Rural Delta del Paraná trabajaron en la Isla Talavera, Zárate, en un comedor comunitario para desarrollar un horno de estas características.
La letra del cantante y compositor Lisandro Aristimuño parece ser justa para esta actividad realizada por técnicos del INTA Avellaneda y de la Agencia de Extensión Rural Delta del Paraná en Zárate: “Hoy se respira viento sur /ese que nace del frío, / horno de barro calienta el sol/ de los lugares perdidos”. La Isla Talavera es el lugar donde se construyó un horno de barro en la sociedad de fomento Martin Irirgoyen, allí funciona un comedor comunitario.
René Castro, técnico del INTA Avellaneda y del Programa Prohuerta (INTA/MDS), explicó que “el horno de barro es una opción de cocina que permite disfrutar de comidas con un sabor especial. Se utiliza para poder cocinar tanto en el medio de la ciudad como en el campo”.También participó de esta actividad Magdalena Bello,de la agencia de Extensión Rural Delta del Paraná.
Su construcción sencilla promueve un uso eficiente de la energía ya que se puede utilizar durante todo el día, y el calor que circula es continuo.
Además de utilizarlo para cocción de alimentos se puede usar para quemar materiales de deshecho como: madera, ramitas, hojas secas, papel, diario, cartón, cáscara de cereales, entre otros.
Se vuelve mágico
Es de destacar que con un horno de estas características puede transformarse la poda de ramas en insumo clave para generar energía.
La madera es una importante fuente para lograr el calor necesario para los hornos de barro. De esta manera se contribuye a la sustentabilidad ambiental al transformar, por ejemplo, un elemento de poda.
Castro agrega que “en tan sólo tres días puede tenerse un horno para disfrutar de las mejores comidas con familia y amigos. Además es de gran ayuda para los pobladores de esta zona ya que sustituye el gasto de otro tipo de energía que es mucho más onerosa”.

El dato: elegir un buen lugar para ubicar el horno y preparar el barro 15 días antes de comenzar con la construcción.

Y acaso como plasmó Peteco Carabajal en sus versos cuando “arde la leña, harina y barro. / Lo cotidiano se vuelve mágico. / Se vuelve mágico”.