La deuda externa alcanza los U$S 277.000 millones y ya equivale al pago de 978 millones de jubilaciones mínimas

Las tensiones de la economía argentina se profundizan en estos primeros tres meses del año y todas las hipótesis apuntan a un mismo denominador: la “insustentabilidad del modelo económico actual”, según consignó el Observatorio de Política Públicas de la Universidad Nacional de Avellaneda (UNDAV), desde donde evidenciaron en su último informe que la deuda externa alcanza los U$S 277.000 millones y ya equivale al pago de 978 millones de jubilaciones mínimas, 1313 millones de salarios mínimos o 4625 millones de AUH.

“La insustentabilidad de un modelo económico basado en rentas financieras, en tarifas de los servicios públicos altas y en la liberalización del comercio exterior y de la cuenta de capital trajeron al país caída del PBI, de los salarios y las jubilaciones, de los ingresos de los hogares, caídas de las ventas en PyMEs pero también en grandes empresas, desfinanciación de las actividades centrales del sector público como educación, salud, ciencia y técnica, sumado todo esto al crecimiento exponencial de la deuda pública, particularmente aquella nominada en moneda extranjera”, justifica el informe universitario.

La deuda externa superó el 40% del PBI por primera vez en la década: es decir, que creció más de 17 puntos en tres años, cuando a inicios de 2016 representaba menos de 24 puntos del Producto Bruto Interno, lo que data también de un endeudamiento cada vez más acelerado.

“La erogación creciente de intereses se explica por el feroz proceso de endeudamiento de estos años: así, la deuda externa al último trimestre del año pasado creció hasta los U$S 277.000 millones, lo que significa una suba de 18,5% en un año y 66% en relación a igual periodo de 2016”, explica el informe de la UNDAV.

Algunos de los números más ilustrativos de la profundidad del problema del sector externo tienen que ver con un déficit de cuenta corriente, consolidado de más de U$S 28.000 millones en 2018, lo que representó un aumento de 58,9% en relación a 2015.

Cuando se considera el desbalance de cuenta corriente en relación al tamaño de la economía, la coyuntura es aún más acuciante: el año pasado el déficit creció en 0,1 puntos del PBI, a pesar de la cuantiosa devaluación de nuestra moneda.

“Las cuentas externas de la economía argentina transitan por años de vulnerabilidad extrema, que hicieron eclosión el año pasado con una crisis tradicional en la balanza de pagos. El agotamiento del ‘sector externo’ del actual modelo encuentra origen en la apreciación cambiaria espuria que se gestó durante 2017, en el marco del interés del gobierno de propiciar un ‘efecto veranito’, en los albores de la elección de medio término. Así, la acumulación de desequilibrios externos, producto de una inflación creciente y un crecimiento famélico, fue determinante de la profunda crisis financiera del año pasado”, apunta el documento universitario.

Y remarca: que “el costo de la recesión fue amplio y difundido y, del canal financiero, rápidamente se contagió a la economía real, con secuelas sobre el empleo y la distribución del ingreso”.

En este sentido, por el aumento de intereses, utilidades y dividendos, las rentas pagadas al exterior ya crecen más de 54% en relación a 2015: un rubro que se mantuvo indemne al efecto cambiario.

“Los dos pilares sobre los cuales el discurso oficial hacía hincapié para alcanzar el crecimiento económico demostraron no tener la potencia necesaria. En primer lugar, las exportaciones no crecieron lo suficiente, de hecho, su desempeño fue muy pobre. Y, en segundo lugar, la inversión no fue en ningún sentido el motor de un proceso de desarrollo. La llegada de inversiones directas desde el exterior no superó los niveles de 2015. Con lo cual, el elemento que quedó para permitir todas las salidas de divisas anteriormente descriptas fue la deuda. Cuando dicho canal se cerró, ante la evidencia del crecimiento insostenible de los desequilibrios macroeconómicos, la opción del FMI fue la única alternativa posible para evitar el colapso”, concluye el informe de la Universidad Nacional de Avellaneda.