La enfermedad de Eva Perón

Se descubre la enfermedad de Eva Perón por una serie de hemorragias que durante mucho tiempo ella había ocultado. Se le hace un examen y se llega al diagnóstico de cáncer de matriz.

El cirujano, radioterapista y patólogo de Nueva York George Pack llegó a Buenos Aires para operar a Eva Perón, en un operativo programado como un secreto de Estado. Fue contactado y asistido por el Dr. Abel Canónico, eminente oncólogo argentino, quien reveló distintas instancias de la enfermedad de la primera dama argentina en un reportaje del diario La Nación del año 2000.

Después de examinarla dormida dijo que el tumor ya era de un grado II y la única solución era hacer una gran cirugía, y ver hasta dónde se podía llegar que sería seguramente un vaciamiento pelviano. El 3 de noviembre a la noche, Perón la internó en el hospital Finochietto de Avellaneda construido por la Fundación Eva Perón.

Cuando despertó de la anestesia en el policlínico de Avellaneda, Eva Perón creía que el médico que la había operado del cáncer de útero el doctor Ricardo Finochietto. Y ese convencimiento la acompañó hasta la tumba.

Una de las pocas veces que ella prestó atención a un síntoma fue el 9 de enero de 1950, con 38 grados de calor a la sombra y mientras inauguraba una nueva sede del sindicato de taxistas. La sorprendió un dolor en la ingle, pero lo disimuló y siguió adelante con el programa. Días después, Oscar Ivanisevich, médico y ministro de Educación entonces, la operaba de apendicitis aguda.
«Se dejó operar porque le dijeron “apendicitis”. Ella no quería saber nada. Era como una autodefensa. Hubo negligencia por parte del paciente y algo de pasividad por parte del ambiente, recordaba el Dr. Canónico.

En aquella época, 1950. “Tumor”, “cáncer”, eran palabras tabú porque parecían una sentencia, una fatalidad, la muerte. Ella no quería saber nada de que le hablaran de un problema que podía estar relacionado con la muerte de la primera esposa de Perón, que padeció la misma enfermedad.

Ya hacía tiempo que la sometían a transfusiones de sangre cuando una biopsia, realizada a fines de agosto de 1951, dijo la palabra maldita: carcinoma endofítico. La lesión ulcerada que habían descubierto en el cuello del útero, que le provocaba imparables hemorragias era, definitivamente, cáncer. Ya se sabía. Todos menos ella.

“Era una hemorragia uterina, un pólipo. Nunca se habló de cáncer. No sabemos si en su intimidad ella pudo haberlo percibido. Nunca se dijo ni tampoco lo dijo ella. La palabra que más se usó fue una úlcera de cuello uterino, una úlcera sangrante que había que eliminar”, relata el Dr. Canónico.

En el quirófano del Policlínico Presidente Perón de Avellaneda, Pack entró cuando ella estuvo totalmente dormida y comenzó la operación. Lo que encontró lo obligó a extirpar útero, trompas, ovarios, hasta alcanzar un total vaciamiento pelviano. Luego, extrajo también algún ganglio sospechoso.

Canónico recuerda que la operación se hizo bien, que ella toleró la anestesia, que cerró bien su herida y que todos quedaron conformes porque se había cumplido con todos los pasos planeados.Terminado esto, quedó Finochietto a cargo de la enferma.

Evita vota en el hospital Finochietto el 11 de noviembre de 1951

Fue sometida a un tratamiento de radioterapia de 1000 voltios con la supervisión del doctor Joaquín Carrascosa en su propia residencia de la calle Agüero, a los tres meses hubo una recidiva. Pálida, demacrada, débil, para abril Eva ya era un caso terminal.
Consultado nuevamente Pack vía telefónica por Canónico, sugirió que se probara con ella una nueva droga que estaban experimentando en los Estados Unidos, -la mostaza nitrogenada-. Finochietto y sus médicos le aplicaron por vía endovenosa lo que luego se llamó quimioterapia antitumoral. Se cree que Eva fue la primera enferma que usó la quimioterapia en el país.”
Eva mejoró, pero por muy poco tiempo. En mayo ya había metástasis en el pulmón y retornaron los dolores en el bajo vientre y la tos seca y pesaba cada vez menos.
El 17 de abril, con menos de cuarenta kilos, se levantó de la cama para recibir la Orden de las Oméyades. El 1º de Mayo salió al balcón de la Casa Rosada con Perón. El 4 de junio, Perón asumió la segunda presidencia, se la vio por última vez. Se le dio coramina, y estimulantes cardiovasculares. Lo que la tenía en pie, sin embargo, era una voluntad de acero y una entereza incomparable para enfrentar su mal.
Los días previos al 26 de Julio, cuando Eva entró en coma y todos creían que ya moría, pero sorpresivamente ella recobró el conocimiento en la mañana siguiente.
Una semana más tarde, exactamente el 26 de julio de 1952 a las 20.25, exhalaba su ultimo suspiro.

 

 

Fuente: extracto del artículo de Ana D´Onofrio, diario La Nación- 23 de Julio de 2000