¡La pollera se respeta carajo!

Es el grito que truena en Bolivia. Niñas, jóvenes y ancianas hermanadas en la lucha por sus derechos, la chola ganó las calles enarbolando polleras y Wiphala como símbolo de orgullo nacional haciéndole frente al poder que con golpes, represión y muerte se impone contra el pueblo y la democracia.

Esas polleras llevan años de discriminación, sometimiento y desprecio de su identidad, víctimas del odio racial de una casta que se cree superior. Años sin acceso a la educación y a la salud. Pero también sin acceso a lugares donde “el blanco” imperaba. Alguien las sacó de ese lugar. Alguien les abrió la puerta de los bares, de los cines, de las universidades y del Parlamento boliviano.

Y hoy piden respeto por los derechos alcanzados, merecidos y ganados. La Pollera se respeta carajo, porque el respeto es un valor que permite que el hombre pueda reconocer, aceptar, apreciar y valorar las cualidades del prójimo y sus derechos.

Y ese grito se funde con el de “Ni una menos”, “Nunca más”, “Vivas nos queremos”, “Paren de matarnos”. Ecos de una lucha sin cuartel que se libra en la mayoría de los países latinoamericanos donde las políticas públicas de los gobiernos no son suficientes ni eficaces para concientizar que a la mujer se la respeta.

Marta Portilla/diario La Calle