Las Vegas sigue apostando fuerte por el juego

Lo que pasa en Las Vegas, se queda en Las VegasAsí reza el eslogan que ha contribuido a crear la imagen de fascinación, diversión y desenfreno que tiene la ciudad de Las Vegas, emplazada en el desértico estado de Arizona, en el suroeste estadounidense.

Las Vegas se ha convertido en la capital mundial del juego porque ha sabido vender su producto mejor que muchas otras ciudades. Gran parte de culpa en ese proceso feroz de marketing reside en la capacidad que tiene la industria cinematográfica de Hollywood para crear mitos y leyendas. Ya se sabe que no hay mejor agencia de publicidad y relaciones públicas que Hollywood. El “Bosque de acebos” lleva más de un siglo proyectando ilusiones y sueños sobre las mentes de los espectadores.

Con Las Vegas todo parece excesivo. Su iluminación estridente, sus grandes casinos y esa promesa tácita de que no te defraudará y te permitirá vivir experiencias que perdurarán para siempre la han convertido en una ciudad con mucho turismo. Cada año, la ciudad recibe unos 40 millones de visitantes, unos turistas que suelen tener un perfil bastante definido: adultos que llegan a la ciudad en busca de emociones fuertes y juego, con ganas de romper con la rutina.

Los hoteles-casinos los mayores reclamos

La Ciudad del Pecado es algo así como el Disneyland de los adultos. Una ciudad frenética, divertida y loca en la que sus hoteles-casinos son la joya de la corona, unos centros especializados en emociones fuertes, casi todas relacionadas con el juego –quien no ha fantaseado alguna vez con la idea de casarse vestido de Elvis-.

Estos hoteles cuentan con casinos 24/7, es decir, que están abiertos las 24 horas del día, los 7 días de la semana. Los casinos están estratégicamente diseñados para que los clientes pasen horas y horas entre sus máquinas tragamonedas, sus mesas de póker, de blackjack, en sus mesas de dados o en la ruleta.

De entre sus casinos destacan el Bellagio, uno de los más lujosos de la ciudad, tanto que tiene hasta jardín botánico y museo. El Caesars Palace, con una decoración pensada para que los visitantes se sientan en la antigua Roma de los senadores y los cónsules. El MGM con 5 piscinas, cascadas y hasta ríos artificiales. El Mandalay Bay de estilo tropical. O el Venetian, que con su decoración transporta a sus huéspedes a los canales de la ciudad italiana de Venecia.

Ni siquiera la irrupción de los casinos online, como el casino JackpotCity y otros similares, han conseguido disminuir el volumen de visitantes que tiene Las Vegas. Quizás la aparición de estas plataformas haya servido para espolear la creciente afición que hay por los juegos en línea. Hace unos años no era tan sencillo acceder a las mesas de juego de internet, ahora basta con tener un teléfono móvil, descargar la aplicación o el software de turno y darse de alta rellenando una serie de datos. No hacen falta más que unos cuantos clics para comenzar a hacer girar las ruletas o probar suerte en una de los millares de máquinas tragamonedas. Pero los casinos online, aun estando muy conseguidos y siendo una gran alternativa, no pueden competir con la adrenalina que supone mover fichas en la mismísima Ciudad del Pecado.