Un lanusense en el Desafío Río Pinto 2019

Cuando lo importante es llegar

Es Ingeniero en informática, docente universitario e investigador.
Vive en Lanús, abrazó la pasión del ciclismo desde muy chico y ya no podría vivir sin su bicicleta que lo acompaña a todos lados. Leonardo Blautzik (
56) -a pocos días de la carrera de Río Pinto- aún conserva en su piel, en sus ojos, en su espíritu, el fuego sagrado de haber corrido y fundamentalmente, de haber llegado a la meta.

Desafío al Valle del Río Pinto 2019 es la carrera de mountain bike más importante de Latinoamércia. Se corrió el 5 de Mayo pasado en La Cumbre -Córdoba-. Son 85 Km. recorriendo el valle del Río Pinto, con largada y llegada en La Cumbre, pasando por San Marcos Sierras y San Esteban. Hay que pedalear entre piedras, vados, trepadas, bajadas, agua y polvo y también lágrimas.
Este año participaron 5.043 corredores de todas las provincias del país y de 11 países distintos (más de 500 fueron mujeres). 

La experiencia de participar
Participar en una carrera de ciclismo es de por sí una experiencia única. En el caso de Río Pinto 219 ni bien se pisa La Cumbre ya se siente el ambiente de carrera, bicicletas por todos lados, la infraestructura de la largada a medio armar, bicicletas, ciclistas, más bicicletas y más ciclistas. Ya querés subirte a la bici
.
Es la segunda vez que participo, nos aventuramos junto con mi amigo Fabián Laguna a vivir la experiencia de correr el desafío. Llegamos a La Cumbre el viernes 3 de mayo y el sábado 4 a buscar las bicicletas y a tratar de hacer un reconocimiento de los primeros km del recorrido. Mi intención era bajar hasta el río pero pegué la vuelta antes de que empiece la temible bajada del empedrado, después había que subirla… (risas). La niebla y la llovizna estuvieron presentes todo el fin de semana. 
La noche previa es muy especial, uno se siente solo, extraña. Ya no hay mucho más que preparar, tampoco mucho de qué hablar. Solo querés largar!!
Pensás en todo lo que podría salir mal al otro día y temblás… Estás solo. 

El día de la largada
Lo que te embarga el día de la largada, casi no se puede describir con palabras, son tantas las expectativas, los miedos, los nervios, los sueños…! Fue una epopeya ubicarnos en nuestra categoría (éramos más de cinco mil participantes).  En los minutos y hasta en los segundos previos sólo pensás en todo lo que metiste en tu corazón para que te acompañe y te de fuerzas…

Como si no hubiera un mañana
Y largamos “Como si no hubiera un mañana”. A diferencia del año pasado, esta vez corrí! Corrí con todo lo que pude y tenía. Crucé el río a mil, me embarré, subí, baje, sufrí todos los dolores imaginables y viví todo lo que te hace vivir esta carrera que es única!
Recuerdo un momento inolvidable: Faltando menos de 10 km para la meta, pedaleando con lo que me quedaba después de más de 4hs, paso a otro ciclista de mi categoría que caminaba al lado de su bici, “Todo bien?” -le pregunto-. “Si, por lo menos seguimos vivos, fuerza campeón” me responde. Yo no lo conocía ni lo volví a ver, pero ese ”estamos vivos” me quebró por completo. Me hormigueaban las pierna, después todo el cuerpo y después me solté. Lloré muchísimo durante más de un kilómetro, al punto de no ver nada. “Sí, estoy vivo” me iba repitiendo. Es que este desafío me dio la oportunidad de volcar en lágrimas todo un cúmulo de cosas que te pasan en la vida. Fue un desahogo. Y a partir de ahí empecé a pedalear como si de verdad no hubiera un mañana. 

La meta
Llegué a la meta muy entero, levante mi puño para la foto y crucé la línea de llegada. 

Me bajé de la bici y quería abrazar a todo el mundo. Pero no había manera de avisar nada a nadie, Movistar caído o colapsado y a esperar alguna wifi salvadora.
Mi tiempo: 5:30 hs, media hora menos que al año pasado, pero media hora mas de mi objetivo.

¿Por qué esta pasión de ser ciclista?
En mi caso viene de muy chico. A los 5 años aprendí a andar en bicicleta.Tenia una rodado 20 infantil, después usaba la de mi tío Néstor Santos. A los 20 me arme la primera pistera que restauré hace 2 años para usar en el circuito de Lomas. En 2009 compré usada mí primera MTB. Al año siguiente compre otra y me anoté en una carrera de Rural Bike, después empecé con el cicloturismo, mucho más relajado.
Y el 29 de abril de 2018 cumplí mí sueño: Río Pinto. Este año volvimos ya mucho más preparados.
Si alguien se pregunta por qué uno es ciclista, yo me pregunto: ¿cómo es que alguien puede no serlo?
Río Pinto 2020, allí vamos!!!

marta portilla/diario La Calle